Un actor independiente y perseverante

“Yo pienso que el actor, tanto de teatro como de clown, debe amar, respetar y compartir todo lo que hace arriba de un escenario”.

El aroma a café ya empieza a invadir la cocina de mi casa. El entrevistado, Brian Bitchik, está sentado. Tiene su celular en la mano; parece estar chateando por WhatsApp. Viste una camisa roja, y su barba parece de alguien que hace días no se afeita. Es introvertido, pero sabe expresar todo lo que siente mediante lo que ama hacer: actuar.

 

¿Siempre tuviste claro que te ibas a dedicar a la actuación?

Sí. Tengo la imagen de cuando yo era chiquito, y armaba en el comedor de mi casa una especie de escenario improvisado. Siempre actuaba y cantaba para mi familia. Entonces, mi vieja se dio cuenta de que me divertía haciendo esas cosas. Cuando tenía seis años, ella me anotó en la escuela de Fernández de Rosa para estudiar teatro. Después, tomé clases en el instituto de Alicia Zanca durante un año.

¿Y cuándo diste los primeros pasos como actor?

El primer trabajo lo hice a los doce, cuando tuve la posibilidad de hacer un corto que se llama Detrás de la estufa, que, si lo quieren ver, aparece en YouTube. A los diecisiete, hice mi primera publicidad para un producto de limpieza. Después, tuve participaciones como bolo en algunas novelas, por ejemplo, en Patito Feo y en Casi Ángeles. También participe en las películas Pájaros volando y Ausente. Los bolos son personajes cortitos que pueden aparecer en uno o en varios capítulos, y son discontinuos.

 

Además, estudiaste Clown. ¿Cómo conociste esa disciplina?

Un día me llegó un mail sobre un proyecto cultural llamado Shenkin organizado por la AMIA. Ese correo explicaba de qué se trataba ese proyecto, y sobre los diferentes cursos que había, entre ellos, de clown. Pero, hasta ese momento, yo no conocía nada acerca de esa disciplina. Me causó mucha intriga, y entonces me anoté. La primera clase no fui. Pensaba que era perder el tiempo. Unos días después, volví a recibir el mismo correo. Me inscribí de nuevo para clown, y empecé a ir a las clases para probar.

 

¿Y cómo fue la experiencia?

Excelente. Al principio me resultó difícil la adaptación. Yo estaba acostumbrado al teatro, en donde cada uno compone un personaje distinto según la obra. En cambio, en el clown hay que ser uno mismo. Cada actor va creando el estereotipo de su clown: busca la vestimenta, el nombre, la personalidad. Es un proceso de perfeccionamiento para encontrar la mejor versión. El clown es individual, depende de cada persona y, si bien tiene una rutina armada, juega e improvisa con el público. Yo creo que el clown es para divertirse y para reírse de nuestros propios defectos o torpezas. Es como volver a la niñez. Las actuaciones de un clown terminan, siempre, en el delirio. Es como entrar en un boliche y estar bailando tranquilo, y a las dos horas sentir que te descontrolas por la música.

 

¿Cuándo nace tu personaje “Oblongo”?

En las clases de clown, hay un ejercicio que consiste en ponerse de espalda a alguien y darse vuelta rápido diciendo un nombre determinado. Si al pronunciar esa palabra la persona se ríe, entonces uno sabe que ese va a ser el nombre del personaje. Pero yo no lo encontraba. Pensé en ponerle Fafá o Caramba, hasta que un día la profesora me propuso el nombre Oblongo. Yo no sabía que significaba esa palabra. Después me enteré, por un amigo de mi viejo, que Oblongo era un cacique que interpretaba Les Luthiers en uno de sus sketch.

 

¿Y en qué momento tuviste la oportunidad de representar a Oblongo arriba de un escenario?

Cuando había empezado a estudiar clown, se armó un grupo de amistad con algunos compañeros de Shenkin. Estábamos entusiasmados con la idea de armar algo juntos. Propusimos ideas, sugerencias, y así creamos una compañía que se llamó LovingClown. Hacíamos varietés solo de clown. Un día surgió la posibilidad de actuar en Paseo la Plaza. Entonces, comenzamos a crear nuevos números, y nos dimos cuenta de que todos armábamos números relacionados con el amor. Le contamos eso a nuestro profesor, Alejandro Talarico, y decidimos unificar todos esos números en un solo espectáculo. Así surgió la obra Aprendiendo el amor, con la que tuvimos la oportunidad de actuar en varios lugares: San Pedro, Bar Eureka, Liberarte, Guapachoza, UPbar, entre otros espacios. Lo último que hicimos con la compañía, antes de que se disuelva, fue Enseñando a amar. Esa obra era la misma que Aprendiendo el amor, pero en versión infantil.

Brian se empieza a reír, y yo me contagio de su risa porque conozco el motivo: se acuerda de una persona, que yo sé quién es, pero él no la quiere nombrar. Es una vieja historia de conflictos y de egos que padeció en esa compañía. El entrevistado prefiere evitar hacer comentarios al respecto. Yo lo acepto, y continúo preguntándole sobre sus emprendimientos personales.

 

La compañía se disolvió, pero vos seguiste con nuevos proyectos, ¿no?

Cuando se terminó LovingClown, cada uno tomó su rumbo. Y yo, junto con una excompañera de la compañía hicimos una varieté que se llamó A rodar. El espectáculo duró un año porque nos costaba convocar a los artistas para que actúen todos los fines de semanas.

En el 2013, creé la productora Oblongo Producciones. Mi primer proyecto con ese emprendimiento fue Sazón Humor, que duró medio año. Preferí enfocarme en una obra que yo había escrito en el 2013, llamada Hablarte es como callarte, de la cuál fui productor y actor. Se estrenó en el teatro Liberarte, en el 2014. La dirigió Gastón Ares. Fueron cuatro únicas funciones, y todas a salas llenas.

 

Teniendo en cuenta tu experiencia como actor de Clown y como actor de Teatro, ¿Qué diferencias encontrás entre ambas disciplinas?

En el clown, primero se piensa en una idea. Por ejemplo, si querés hablar acerca del fuego, armas varios numeritos sobre eso y lo vas probando hasta sentirte conforme con los resultados. Una vez que tenés todos los números organizados, buscas una unión entre ellos. El clown no tiene tanto texto, se caracteriza por lo gestual. Juega mucho con su cuerpo; se suele improvisar en plena actuación. A veces, antes de subir al escenario, pensás en hacer una rutina que después, frente al público, cambia. El teatro es totalmente distinto. Hay un guión que respetar y una estructura preestablecida que es imposible modificarla. El drama, es drama; la comedia, es comedia. Otra diferencia importante es que el clown rompe con la cuarta pared, es decir, permite que el público participe del espectáculo. En cambio, en el teatro es más difícil que ocurra eso. Por ejemplo, si en una obra dramática de Shakespeare, le hablás al público y lo haces parte del espectáculo, el drama se rompe, porque la gente se convierte en un participante más de lo que sucede sobre el escenario.

 

¿Y ahora en qué proyecto estás enfocado?

Actualmente, hago publicidades y participaciones como bolo en algunas novelas. Además, actúo en Fuera de Línea, todos los sábados en Ciudad Cultural Konex. La obra está declarada de interés cultural. La dirige Agustín Aguirre. Yo interpreto a un chico que sufre el síndrome de Tourette. Es un trastorno que se caracteriza por comentarios o gestos involuntarios que hace una persona en determinados momentos.

También tengo en mente un proyecto previsto para el 2016. Se trata de una comedia infantil, de la cual soy el autor.

 

¿Podrías nombrar, según tu criterio, tres conceptos que consideres fundamentales sobre la actuación?

Yo pienso que el actor, tanto de teatro como de clown, debe amar, respetar y compartir todo lo que hacen arriba de un escenario. Para mí es importantísimo adoptar un personaje como si fuera uno mismo y quererlo. Cuando un actor no se divierte o conmueve con un papel que interpreta, es porque algo está fallando.

 

Y por último, te pido que me nombres algunos actores que consideres tus referentes.

Actores cómicos, te puedo nombrar a Bicho Gómez y a Peter Capusotto. Un actor de drama, puede ser Julio Chávez. En cuanto el Clown,  te recomiendo a Chamé, exclown del Cirque Du Soleil; y a Marcelo Katz, quien trajo el clown a la argentina.

Le agradezco a Brian por permitirme que le haga esta entrevista, la cual me resultó muy amena. Él extiende su mano para saludarme, y me dice que también se sintió muy cómodo con la charla. Lo invito a tomar otro café, y empezamos a conversar sobre fútbol y la Copa América en Chile.

Reel de Brian Bitchik (actor y clown)

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